Las facturas amarillas van dentro de este cajón, las de color rosa se tiran y las blancas se las lleva el cliente- me explicó mi hermana Flor, actual encargada de inventario y almacén del negocio de la familia. –Ok- le respondí al mismo tiempo en el que realizaba correctamente el procedimiento que me explicó. Ella salió un par de horas a cubrir unos pendientes y yo me quedé acomodando unos folios y atendiendo la caja.
No me pregunten porqué, ya que ni yo lo sé, no se como tomé esta decisión o porqué me animé a hacer algo que siempre dije que no lo haría pero partir de hoy, dejo de diseñar por un tiempo no establecido y me dedicaré a trabajar en la refaccionaría de la familia. Sí, una vez más estaré rodeada de autos y estos formarán parte esencial de mi vida. Conviviré todos los días con los mecánicos greñudos sedientos de un descuento y con otros tantos que el olor de la cruda del fin de semana aun los persigue. Sí, será muy interesante medir que tan grande es mi punto de ebullición y hasta que grado se pueden rebasar los niveles de mi paciencia, ya sea conviviendo con mi hermano y mi padre o lidiando con el desorden que reina en la oficina. Va a ser una nueva experiencia. Van haber muchos reclamos. Probablemente arda Troya…
Pero no me quejo, todos se han portado muy lindos conmigo, quizás porque sea el primer día y aun no les colmo la paciencia con mis interrogantes. No lo sé. Hoy tuve una experiencia extra sensorial con la perforadora que sirve para armar los famosos “broches baco” ¡Fascinante! Y un reencuentro de primer nivel con las grandiosas matemáticas que les quiero compartir: Se acercó un cliente a la ventanilla y le dije de la manera más educada y cortés -Buenos días son $620- -Aquí tienes $500 y $200 pesos más- me dice mientras sello su factura “pagado” y saco $80 pesos para darle su cambio. En eso, mi padre me interrumpe –Mijita… ¿sabes usar la calculadora?- En esos momentos me quedé un poco desconcertada ¿Lo dijo realmente en serio? –Sí… si la sé usar- Y al terminar de decir esto mi papá ya estaba a un lado mío diciéndome –Te voy a enseñar a sumar y restar- ¡Oh por Dios!¡Eso marcó mi día! Estuve a punto de decir en voz alta: ¡Hola Suma y Resta me llamo Diana Arvayo, tengo 24 años y hoy es la primera vez que sé de ustedes! De verdad que en ese instante me sentí como la mismísima Paris Hilton: completamente hueca. ¡Se los juro! ¡Sólo me hacía falta el cabello rubio y coeficiente intelectual por debajo del nivel normal y un video porno casero para ser la versión Hermosillense! ¡Con un carajo mi papá de verdad que se pasa! Puedo comprender que no supiera que tenía 18 años cuando él pensaba que tenía 13, puedo entender que creía que estudiaba para dibujar “monitos” o que olvida mis cumpleaños, graduaciones y eventos importantes, pero… que dude de mis capacidades con “suma – resta” eso si me marca.
–Gracias Don Albino- Exclama el cliente - A usted- le responde mi padre con el clásico intercambio verbal universal de “compra / venta” que se vive en la refaccionaría todos los días. Con la venta ya realizada se da por terminada la exitosa capacitación de "suma y resta" en la calculadora solar de alta tecnología. Entonces, mi padre regresa a su escritorio, y yo con tanto conocimiento numérico mejor encendí la televisión para ver el mundial y despejarme un poco.
C'est la vie
Diana
p.d. se dan asesorías veraniegas de matemáticas
No entendimos que parte de la cuenta te salio mal...........
Por otro lado... ps que "gacho" tu dad que te subestime.......
Saludos.. y cuenta bien