martes, noviembre 28, 2006
Tornasol
"Deja de pensar en que tu príncipe azul va a llegar por ti montado en un lindo corcel blanco. Que vestirá de capa y portara una espada para protegerte de los males de este planeta. Ya deja de esperar a encontrar el final feliz en el que se supone que todos deberíamos de ser protagonistas".

Un amigo me dijo eso, y me hizo pensar… ¿príncipe azul? No me jodas, ya estoy grande para ese tipo de pseudos-adjetivos hacia lo que el amor “ideal” debe o no de ser. Sin embargo, como buena amante del color me quedé un momento pensando en el concepto “azul” y sin necesidad de lamer un sapo alucinógeno u otro tipo de alterador de la conciencia, me mal viajé un instante y comencé a visualizar mentalmente de qué color me gustaría que fuera la persona con la que voy a invertir mi tarjeta-tiempo-de-débito.

Al principio lo vi en colores verdes, los de una persona de ideas frescas e innovadoras, que le gustara la naturaleza, los animales y salir de paseo. Luego en tonos anaranjados, en el que fuera una persona llena de energía, que me encandilara con su presencia, que me acompañara en diferentes amaneceres y en muchos atardeceres. Inmediatamente lo comencé a ver en tonos amarillos, en el que era una persona cítrica, creativa y analítica. Después lo imaginé púrpura, centrado y con visión, con grandes ambiciones y deseos, con mucha seguridad y una infinita paz interior. Lo imaginé en tantas escalas de colores, incluso pude imaginármelo en tonos apagados como el café y los grises, en el que superaba los malos momentos, aprendiendo de ellos, enfrentando y resolviendo diferentes adversidades. Lo pude ver de color rojo, lleno de poder, de coraje, de decisión y de mucha fortaleza. También lo ví color rosa fucsia, atrevido, espontáneo, alegre, divertido y vanidoso, y me gustó en ese tono. Lo ví en todas las gamas de colores, pero no lo pude ver en azul. Quizás sea porque no espero la perfección en una persona, quizás sea porque hace mucho que la idea de lo “ideal” dejó de ser precisamente eso: lo ideal y yo ya no espero nada como lo azul que dicen que deben y deberían ser los hombres.

Al meditar esto me puse a pensar… ¿De qué color me gustaría que fuese? Y me respondí: Tornasol. Quiero que sea tornasol y que cuando yo esté a su lado, le sirva de luz y que junto a mí me proyecte todos los colores que conforman su persona. Que sea tornasol, porque así poseerá todas las cualidades de los colores en el que lo imaginé. En todas las gamas de naranjas que me indican una enorme belleza en su exterior que a su vez tiene un ser interior hermoso como lo es el hombre que ví de púrpura. Si mi hombre fuese tornasol, lo iba a querer con sus etapas en café y en grises. Estaría con él en los días verdes, en los amarillos, en los rojos y en los rosados.

Yo si creo que los azules pueden existir, siempre y cuando vengan debajo de una fina capa de color tornasol, que me haya mostrado con anterioridad todas las facetas de su persona, en las que se encuentren tanto el lado bueno, como el lado malo de la supuesta perfección del amor y de su aclamado representante: el invisible príncipe azul.
Diana
 
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miércoles, noviembre 22, 2006
Fuera de servicio

¿A quién se le poncha 3 veces en menos de un mes la llanta de su auto?
¿A quién se le presentan múltiples problemas con su tarjeta de débito y anda sin un peso?
¿A quién carajos se le quema el monitor en sus ojos cuando está justamente escribiendo un correo describiendo cómo es su monitor?

PUES NADA MÁS Y NADA MENOS QUE A MÍ
He tenido una suerte, que bueno... para que les cuento pues no hay tiempo de hacerlo porque tengo que ir a ver lo de mi llanta por tercera vez, hablar a garantía por lo de mi monitor e ir a buscar dinero debajo de las piedras en lo que se soluciona lo de mi tarjeta. ¡Qué carajos! Por ésta y otras razones el if_then_else y la mommy han y estarán un poco ausentes, hasta que mis contratiempos se resulevan, les deseo una mejor suerte y una mejor semana que la mía >;(

Diana
 
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lunes, noviembre 13, 2006
If then else: en el periódico
 
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domingo, noviembre 12, 2006
Paraíso terrenal

Diana
 
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miércoles, noviembre 08, 2006
Viva la madre patria

Llegué de trabajar y mi mamá tenía un sobre la mesa. Una carta, una carta muy linda. ¡Bendito sea el correo tradicional! ¡Muchas gracias! “Joe joe, joe…” ¡Qué viva la madre patria! ¡Con todo y sus divisiones políticas y territoriales! GRACIAS

Diana
p.d. saludos a los no españoles que habitan en España.
 
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domingo, noviembre 05, 2006
escena del crimen
El viernes por la tarde un ratón se metió a la casa. Probablemente entró por la ventana de la recámara de mi hermana, no lo sé. Mi mamá estaba indignada, no podía creer que un ratón anduviera rondando en su casa y mucho menos en su cocina. Se enojó bastante. En cambio, yo no le di importancia y me fui a visitar a las Ñoñas.

Regresé en la madrugada. Entré por la puerta trasera, colgué mis llaves y vi en el piso, al pobre ratón intentando escapar de la trampa en la que había caído. Era una especie de cartón con pegamento y él se encontraba sumamente adherido a ella. Se jalaba, y su piel comenzaba a cortarse en un intento desesperado por despegarse. Era inútil.

Un queso, un miserable y pequeño pedazo de queso estaban a escasos centímetros de él. Se jalaba hacia delante para alcanzarlo, y otro poco hacia al frente para intentar salir. Era doloroso. De pronto soltaba pequeños quejidos pero no se rendía.

Yo estaba de pie viéndolo como sufría. Y sentí mucho coraje, nostalgia y tristeza de verlo. Tomé un pedacito de queso, se lo di. Con más fuerza quiso de nueva cuenta escaparse. Su piel ya estaba muy lastimada y yo ya no podía seguir viendo esto. ¡Era demasiado doloroso! Tomé una servilleta y le tapé la cara. Oprimí fuertemente sobre él y comencé asfixiarlo. Pataleaba desesperado, su estómago se infló y de pronto… dejó de moverse. Y ahí se quedó tendido, muerto con una servilleta sobre su rostro y un mísero pedazo de queso a un lado.

Ni siquiera pude despegar la servilleta. El pegamento era muy fuerte. Él nunca se hubiera podido escapar. Y creo que fue lo mejor. Eran mis pensamientos mientras acudía al baño para lavarme un poco las manos.

No pude dormir. Me sentí terriblemente culpable. Sé que le hice un favor para que ya no sufriera, pero también se lo horrible que se siente quitarle la vida a “algo” y pienso como pueden vivir en paz las personas que le han quitado la vida a otro ser. Simplemente no lo comprendo.

A la mañana siguiente mi mamá estaba muy orgullosa de su trampa y me preguntó que hacía una servilleta encima de él. Le dije que tuve que asfixiarlo porque no resistí verlo en ese sufrimiento y ella simplemente no lo entendió, para ella fue sólo “un ratón que murió en mi cocina” para mí fue “un ratón que tuve que matar en la cocina” y la verdad, no me agrada para nada haber sido parte de esto: una asesina o una mujer sumamente compasiva. Ustedes juzguen.


Diana
 
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