
¿Y qué me llevo de todo esto? Pues con ellos aprendí a estacionarme un poco mejor, eso de trabajar en el centro de la ciudad te obliga a dejar tu carro en espacios más reducidos y a mejorar la técnica. Me dí cuenta de que la comida que llevaba para el almuerzo algunas veces no era tan terrible como la de los demás. Me grabé los nombres de 101 candidatos y puedo corregir notas en la página principal del Imparcial donde citan mal el nombre de alguno de ellos. Me hice al buen hábito de traer siempre mi cepillo de dientes conmigo. Descubrí que soy más paciente de lo que pensaba y que los controles remotos de las iMacs ya llegaron a México. Me percaté de que la mejor botana a media mañana son sin lugar a dudas son las “Quesabritas”. Conocí personalidades importantes como los publicistas de “Leo Burnett” y “Goodby, Silverstein & Partners”. Reafirmé una vez más mi teoría de “yo y mis miedos” y pude medir el nivel de cuán fácil es asustarme. Me dí cuenta de que realmente soy útil y de que a tu jefe se le puede llamar simplemente por su nombre, no por su “título” y no pasa nada.

Fue muy lindo trabajar en un lugar donde la decoración no es aburrida y un gato de peluche negro que cuelga del techo te lo ratifique. Un lugar en donde el equipo de trabajo es el soñado por un diseñador: sumamente rápido; y en el cuál tu silla es cómoda durante las primeras 8 horas hábiles. Un lugar donde te permiten dibujar una “teibolera” gigante con marcadores en la sala de juntas. Un lugar en el cuál puedes bromear con tu jefe e incluso tomar en su sagrada-única-y-especial taza de café sin sentir temor o un pronto despido. Un lugar donde los marcadores sharpies abundan como el polvo en nuestra ciudad. Un lugar donde la paga es puntual y buena, donde los compañeros de trabajo te tratan como uno de ellos a pesar de que sólo estarás “de paso”. Un trabajo donde las cosas que se hacen son reales e importantes, uno de esos lugares al que sí se le puede llamar agencia de publicidad.
Voy a extrañar esa poderosa energía y grito-saludo de ‘buongiorno principesa’ de Nats al llegar a la oficina. Las visitas con porte y elegancia en cada movimiento que ejecuta de Oscar a “la cueva”. La disponibilidad de Jules y Mario al momento de ir al Ley por las chucherías. Todas las interrogantes ‘que’ ‘cómo’ ‘cuándo’ ‘dónde’ y ‘por qué’ que aquejan Wendy. El desfiladero de amor de Cecy y su próxima boda. Las picardías de Carmelita; así como el oportuno silencio de Chino. La inocencia de Alma Nora. La creatividad de las respuestas de Alejandra y ver a Rambo postrado sobre sus hombros. Los sustos diarios que me hacía pasar el condenado del Cons. La invisibilidad de Ricardo. La alegría y amabilidad de Paulina. La oficina-holograma-fantasma de Edgardo. Mi ex – iMac y sus botones secundarios sumamente útiles. A los candidatos del PRI. ¡Mis “niños” hediondos!
A todos ustedes ‘möllerianos’, COMO PINCHES LOS VOY A EXTRAÑAR, sobre todo; mañana a las 9:00am mientras sobre mi cama, dormida voy a estar.

Diana
p.d. se lava y plancha ropa a domicilio y se busca trabajo de diseñador gráfico.
que lindos los que trabajan ahi ..