
Mientras conducía decidí que después pasar por mi amiga regresaría a casa sólo para verificar que todo estuviera en orden; puertas con cerrojos, luces apagadas, llaves del agua sin estar goteando y aires acondicionados en OFF. ¡Pero qué escándalo! ¡Si sólo te irás un par de horas al cine! ¿No? Todo lo que digo suena como si la casa quedara abandonada por meses, lo sé, lo sé… se que sueno como una abuelita exagerada y quisquillosa, pero es que mi hermano es bastante despistado, la seguridad para él es nula e inexistente. Piensa que aun podemos dejar puertas y ventanas abiertas con un letrero de “pase usted y siéntase como en su casa” y honestamente, mientras me estacionaba pasaba por mi mente una escena donde llegaba a casa y encontraba todo desmantelado y me puse un poco nerviosa, traté de no pensar en ello en el resto de la noche.
Desafortunadamente, tuve unos contratiempos y no pude darle una “checada” a la casa antes de la función, pero intentaba en lo más profundo de mí ser que todo estuviera bien.
Por unas palomitas y dos té jumbo son $98.50 –nos dice el muchachito algo amanerado que atendía la dulcería- si quieren, les puedo dar más salsitas con lo que sobra de cambio –nos ofrece para terminar de redondear en tres cifras nuestro cosumo- Seguro le digo y volteo a ver a Mike y me dice –voy al baño antes de que empiece la función, ¿quieres ir?- sí- le contesté- pero qué asco entrar con la comida mejor ve tu, yo no tengo tantas ganas; pero si la necesidad me atosiga en plena función no importa, yo me salgo, total, ya leí el libro- y con eso dicho Mike se ausenta unos minutos.
Con dos horas y media después y un té jumbo postrado en mi vejiga se da por terminada la función. Salimos apresuradamente ya que Mike quería ir de nuevo al baño, yo también pero decidí esperar, ¡pues vivo a sólo cinco minutos del cine qué más da! No hay como ir al baño de tu casa, ¿cierto?
-No puedo creer que aguantes tanto Diana- me decía asombrada, admirándome, anonadada de tal hazaña –Yo entré antes de la función y después y tu puedes controlarte aun con un té jumbo sólo para poder entrar en tu casa ¡WOW!- me decía mi amiga, y yo con un tanto de soberbia le respondo –por algo me conocían en el mundo de las borracheras como la “vejiga de oro”, suelo aguantar mucho- le presumo al mismo tiempo que doy vuelta por la calle de mi casa.


Ah no, eso si que no, QUIERO ENTRAR AL BAÑO, QUIERO ENTRAR A MI BAÑO y ni siquiera puedo entrar a mi casa. Tomo el celular e intento hablar con mi hermano y sólo obtengo una respuesta
“Por el momento el usuario no contesta. La llamada será cobrada después del tono, gracias…”
Grrrrrrrhhhhhhh ¡Ahhhhhhhh! ¡Van a rodar cabezas! ¡Va arder Troya! y mientras hago mis corajes en plena calle, con el celular en un mano y con la otra tocándome el vientre, Brenda; intenta brincarse el cerco. No funciona. Gracias a la extrema seguridad con la que fue hecho, las piernas de cualquier ser mortal viviente sobre la faz de la tierra no te permiten brincarte el cerco, pero en esos momentos en que mi vejiga está a punto de reventar; desearía ser una delincuente “brinca cercos y bardas” y tener de acompañante a un malhechor y no a una tierna y delicada ingeniera en sistemas.
Intento llamar a mi hermano, y la respuesta es la misma estúpida grabación. “GRACIAS” ¡Hartas gracias! Ya no aguanto, ya no aguanto, ya no aguanto, si se me aparece un genio en estos momentos le pediría un baño limpio, un pedazo de papel o ser hombre y poder orinar de pie.

-¿Qué pedo?- Me responde mientras la rola de “lo que pasó, pasó entre tú y yo…” hace fondo, ¡perrea nena! ¡perrea! Y una buena pachanga se alcanza a percibir a distancia.
-¡CERRASTE TODO CON LLAVE, TODO, TODO, TODO. INCLUSO LA ALAMBRERA DE LA COCINA TIENE EL $#&# PASADOR NO ME JODAS ALBINO A QUIÉN SE LE OCURRE! –Le digo apunto de que me dé un paro respiratorio por mi tremenda exaltación.
-¡Qué madre! Me dijiste que todo lo cerrara con llave y pues eso hice, al rato le caigo a la casa- perrea nena, perrea se sigue escuchando de fondo-
-No, que al rato ni que la nada, tengo tres horas y fracción queriendo ir al baño y un té que ya necesita evacuar el área, ¡ven abrirme las puertas pero YA!
-Ay a la… m…. sobres pues- Y termina la llamada-.
Los minutos comienzan a transcurrir, y no saben lo que esos minutos significaron, fue un duelo contra mis necesidades fisiológicas y mi autocontrol. Mike como la amiga linda e incondicional que tengo, me ofreció un par de servilletas con el emblema “Cinemark The Best Seat In Town” impregnadas en ellas.

Diana
SSSSSSHEEEEEEEEEEEEEE MIONA :P