Mientras estaciono mi carro un vagabundo se acerca a mi ventana y me sonríe, al principio sentí miedo, pero luego fue como una especie de ternura. Al parecer, la persona no está bien de sus facultades mentales y me sonríe sin cesar. Abro la puerta y él se mueve hacia el frente del auto.
-Güerita, no se me vaya a mojar – me dice en tono coquetón-
-¿Güerita? –le respondo un poco intrigada a medida que me apresuro para entrar a la papelería-
-Bueno pues “rosita”, tenga cuidado con la lluvia-me responde mientras me mira pícaramente-
-Ah… ¡GRACIAS!- y me apresuro para entrar al establecimiento. Realizo mi compra: un par de sobres y un lápiz. Hago el pago y me dirijo rápidamente hacia mi auto.
De nueva cuenta, me encuentro al vagabundo rondando mi carro, sonriendo y sosteniendo “algo” en su mano. Con cierta desconfianza; me acerco lentamente, vigilando cada movimiento que él hace. Estaba un poco desesperada porque la lluvia me mojaba más y más, y a la vez, estaba un tanto nerviosa por lo que el sujeto sostenía en su mano.
Llego al auto, abro la puerta y me dice:
-Para tí rosita- al mismo tiempo en el que me extiende su mano.
-Ah no gracias, no te hubieras molestado- le respondo y rápidamente me meto en mi auto, pongo los cerrojos y lo enciendo.
-Pero es para tí- me repetía con gestos de ternura-
-No gracias, pero ya me tengo que ir- le digo una vez más y arranco.
El vagabundo corretea un poco mi auto y grita “rosita” un par de veces. A los pocos metros de distancia desiste y se queda parado, jugueteando con una rama de árbol que intentaba obsequiarme. -¡qué detallazo! ¡el primer hombre que se anima a regalarme algo orgánico y no llega a ser una pinche flor! ¡si sigo así en 30 años tendré mi primera rosa cursilienta de Bulevar! –pensaba mientras doy vuelta a la derecha y me encuentro con la grata sorpresa de que la calle está llena de agua así que me regreso y tengo que pasar de nuevo por donde se encuentra el vagabundo.
Cuál va siendo mi sorpresa que al pasar justo frente a él me lo encuentro coqueteándole a otra, más bonita y menor que yo. -¡Canalla!¡Y yo que pensé que yo era la causante de toda su locura!- exclamo bastante enojada y sigo mi camino.
Con el corazón destrozado, vislumbro por el retrovisor al único hombre que sintió un loco amor por mí obsequiarle la rama de árbol que en algún momento, pudo haber sido mía, pero ahora le pertenece a otra que no era ni güerita, ni mucho menos su “rosita”.
Diana
p.d. ¿quieres conocer más de mi amores fugaces? Lee “el asesor 09”
Ay mommy, solo tu puedes confiar en la atrofiada capacidad congnistiva de un jodido y jalado vagabundo. Saludos, Suerte Palotra ;)