jueves, septiembre 04, 2008
¡Suficiente! ¡Tu ganas!
No me pude resistir

Estoy desesperada, me siento como cuando una madre ve partir de su casa a su último hijo, el que "parecía que no se casaba" y que tómala siempre sí dijo "acepto". Cuando este hijo parte de casa, la madre ya no tiene a quién lavarle, a quién cocinarle, tenderle su camita... Y ahora yo, lo estoy viviendo en carne propia ¡Es horrible! ¡Estoy de vacaciones hasta el 18 de Septiembre! y ya quiero regresar a trabajar. No tengo a quién serle útil, no tengo quién me diga "necesito de tu ayuda". Me siento como la pobre madre sin tener qué hacer en el resto del día más que recordar lo feliz que era mientras su hijo vivía con ella. ¡Deprimente!

Yo sé que es bueno tener tiempo para uno mismo pero... ¿Tanto? Me siento desempleada, sin una razón para levantarme por las mañanas y echar andar el Illustrator. El café no me sabe igual, mi taza blanca no me acompaña y... me deprimo.

Hoy no lo pude evitar, y fui a la oficina, aunque sea de noche; pretexto asqueroso: "vengo por mi agenda y por unas fotos", ¡Bah! como si eso no pudiera esperar, como si tuviera tantos compromisos y trabajos que anotar en ella. ¡Que asco de falsedad! Pero necesitaba tomar el Navarrete final y ¡Sorpresa! ya le pintaron las rayitas de los carriles y yo ni cuenta me había dado. No creo que alguien pueda entender la magnitud de esto, pero es mi caminito al trabajo de todos los días, "el Navarrete final" ¡Y no había visto las rayitas de los carriles! tenía tantos, pero tantos, tantos días preguntándome cuándo las pintarían ¡Y ahora no sé exactamente cuando lo hicieron!

Quizás no lo entiendan, porque creo que apenas y yo lo estoy comprendiendo, pero estos días me han servido para darme cuenta que el Diseño es la única relación -por más enfermiza que sea- que poseo y que sin él, en mis ratos de ocio me da por hacer locuras. ¿A quién se le ocurre ordenar los calcetines por tono y textura? :/

¡Ohhhhh! mi Diseño querido... no te alejes de mí, abrázame vectorialmente toda esta noche que me siento muy sola, muy sola...

¡Ok! ¡Suficiente! ¡Tú ganas! Tengo que decirlo antes de que termine este post porque si no me voy ahogar ¡Sí, sí, lo admito, lo admito! ¡Ya sabes que te amo y que mis ojeras y yo no podemos estar sin tí! Awww... no lo volveré a repetir hasta dentro del próximo año que me toquen mis vacaciones, disfrútalo.

Diana
p.d. ya sólo nos quedan 14 días más para reunirnos de nuevo.

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jueves, julio 12, 2007
Saludo
Hoy estuvo nublado.
Todos saludaron como de costumbre "Buenos días Diana" y yo respondía "Buenos días".
Pero ella llegó y nos vió a mi compañera y a mí y se acercó. Con un poco de dificultad -porque es de estatura baja y muy pequeñita- se puso de puntitas y nos dió un beso en la frente. Su saludo simplemente no necesitó nada mas que decir. Nosotras automáticamente le respondimos "Que linda, que linda, que lindaaaaaa... que tengas un muy buen día".

Y así fue. Yo sigo feliz, mucho muy feliz y cuestionándome cómo puede un pequeño gesto de cariño de una compañera de trabajo hacia ti hacerte el día tan feliz y tan especial.

En lo personal, nunca nadie de las personas con las que trabajo había llegado saludándome así.

Se siente bonito. Snifff... creo que voy a llorar.
Diana

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domingo, febrero 25, 2007
Lección de vida Vol 2: "Tu puedes"

-Creo que son todos los pendientes que quedan por hacer- le dije a mi compañera y seguimos atravesando el tráfico de la ciudad. Eran alrededor de las seis de la tarde y yo tenía un mal presentimiento.

-Quizás deberíamos de ir a checar el logotipo, a ver si ya lo tiene terminado- Y regresamos un poco hacia el norte. Llegamos al lugar, me traen lo que se supone debe de estar montado en una de las paredes de la recepción el día de mañana y TARAN. ¡Una auténtica porquería!

Se me bajó la presión, la respiración no me alcanzaba y me hubiera gustado despellejar a alguien, pero no podía; la persona que estaba a cargo del mostrador era un anciano, tierno, dulce, atento, de esas personas que te escuchan y en todo te dicen “sí”. Es quizás de la vieja escuela del comercio donde la primera regla universal e inquebrantable es: “el cliente siempre tiene la razón”.

Yo estaba echando humo por todas partes. Era mi responsabilidad que dicho encargo estuviese postrado sobre la pared principal con dos luces adornándolo y lo que tenía frente a mis ojos a menos de 24 horas del evento era una copia mal hecha del logotipo original. Los trazos no eran uniformes, las letras estaban mal cortadas y mal pegadas. Podía ver bordos, imperfecciones y burbujas de aire a 50 cm de distancia y yo entre más lo miraba más sentía que me iba a dar algo, luego miraba al dulce anciano y me quería dar un tiro, porque definitivamente a él no se lo daría, era demasiado dulce. Awww…. Me recordó a mi Tatita…

Pero de verdad, y regresando a este momento de cólera absoluta, en verdad quería matar a alguien no tierno, no dulce, grhhh quería a la vendedora, sí, si, si… a ella, a ella sí. Deseaba se apareciera con sus costosas prendas y me explicara cómo diablos una empresa TAN reconocida podía entregar semejante porquería. Mi cabeza era la que estaba en juego, y a mi jefe no le importarían pretextos baratos como “ellos lo hicieron mal”. Lo que ellos hagan bien o mal, al jefe, a las escaleras, a los focos y al bote de basura de la empresa les vale carajo. ¡Qué demonios podía yo hacer!

El dulce, tierno, atento, lindo ancianito –que nada tenía que ver en esto- me dio un papel y pluma para que anotase todas las observaciones que necesitaban corregirse. Anoté tantas que al final terminé con un “háganlo de nuevo”. Dejé la nota y nos fuimos.

-Menos mal que vinimos a chocarlo ¿eh?- le dije a mi compañera. -Te imaginas que hubieran llegado con el mañana y mi jefe ve eso. ¿Qué hubiéramos hecho?- le comenté mientras me carcajeaba un poco, y con esto estaba liberando todo el estrés y los nervios que sentía.

Al día siguiente todo estaba en orden, terminaban de hacer las instalaciones faltantes, se hizo la limpieza, platos, vinos y bocadillos estaban listos, sólo faltaba el famoso logotipo. No transcurrió mucho tiempo para que el caos comenzara de nuevo. Los del logotipo hicieron acto de presencia con la misma porquería que había visto un día anterior. A estas alturas del partido yo no quería matar a alguien, yo me quería matar antes de que mi jefe me asesinara.

Las múltiples conjugaciones del verbo “ch” se mezclaron con otros reclamos verbales poco gratos y propios para el léxico español. Eran las 2:45pm, mi jefe se despidió de mí diciéndome unas alentadoras palabras: “a las 7pm es el evento y yo quiero un logotipo en cristal colgado de esa pared, sé que alguien puede hacerlo”. No, no, no si yo también sé que alguien puede hacerlo el problema era: ¿Quién? Y con tan poco tiempo, era suicidio. Ese trabajo lo había mandado hacer hacía semana y media y no lo pudieron completar. Era una locura, en verdad lo era, estaba a punto de perder algo sumamente valioso que en mi profesión no nos podemos dar el lujo de perder: paciencia.

Con todo el estrés sobre mis hombros, con el coraje reprimido, las lágrimas a punto de arruinarme mi bello delineado azul con rosa en mis ojos, tomé el teléfono y le llamé a uno de mis mejores amigos para pedirle que me ayudara a salir de esta. En espera de que él hiciera unas llamadas con sus contactos y se consiguiera el material, comencé a sentirme sumamente estresada, ya nada estaba en mis manos, sino en las manos de “las buenas relaciones” y esperaba que estas me ayudaran una vez en la vida. Bastaron 39 minutos para que mi amigo me resolviera el problema, me aseguró que el logotipo estaría colocado mas tardar a las 6:30pm, que podía irme a casa arreglarme para el evento.

Y así lo hice, cuando regresé a las 6:50pm el logo ya estaba instalado, las flores se encontraban en su lugar, yo tenía zapatos con tacón, una bolsa de piel que no fuese precisamente mi favorita: "la vaca” y todo estaba listo. ¿Cómo lo logró? No lo sé, no quiero saber nada ya, sólo sé que todos los días que cruzo la puerta de las nuevas oficinas y veo el mentado logotipo colgado recuerdo que por un pequeño momento de mi vida viví un fragmento de un reality show que acostumbro a ver, y que por un día de mi vida profesional supe lo que es una participante del Aprendiz.

¡Claro! sin el contrato multimillonario en juego, ni tampoco con un jefe rubio que al terminar el día me diría “you’re fired”, y no me lo diría porque pude hacer lo imposible posible y eso, eso… es una satisfacción personal y profesional inigualable.

Diana

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jueves, febrero 08, 2007
Combatiendo el estrés laboral. Pt. I
¿No tienen ustedes a una persona así? Que te alegra los días en el trabajo, que hace las horas menos largas y las conversaciones más simpáticas... Yo amo a mi hijo Oscar "Paranoid", él es más efectivo que una pastilla para controlar la ansiedad o un té para combatir el estrés.

Desde que llego a la oficina 8:00 am -buenooooooooooooooooo 8:20am cuando me maquillo- me manda mensaje y comenzamos a platicar hasta las 4:45pm hora de mi salida y nunca se nos terminan los temas, las ocurrencias y las traducciones poco oficiales y carecientes de credibilidad nunca antes vistas. Y hasta inventamos idiomas también.

Yo quiero aprovechar para sacar mi estrés laboral que me invade en este momento, publicando este fragmento que me hizo reir lo suficiente y recomendarles ampliamente su blog, es un buen blogger y vale la pena leerlo, lo que quiero decir es LÉANLO. Jajajja -por favor, su mommy se lo pide-

Que tengan buen día. >:)
Diana

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posted by mommy at 9:25 a.m. | Permalink | 6 comments